Emisión de Deuda Vs Deuda Bancaria

Título de deuda pública de España
Título de deuda pública de España (Photo credit: Wikipedia)

Hace unos meses le comentaba a un compañero que no me parecía bien que España emitiese deuda para ir pagando gastos que más valía reducir. El compañero me contestó que el problema de España realmente no era la deuda emitida porque en comparación con otros países y nuestro PIB era prácticamente insignificante. Sin embargo, yo le contesté que no estaba de acuerdo, la deuda continuaba emitiéndose y cada día se hacía mayor.

Hace más de un año de aquella conversación y ni el gobierno anterior ni el actual ha dejado de emitirla. Ahora mismo estamos emitiendo deuda para seguir pagando servicios fundamentales y probablemente ya no quede otro remedio, o eso dicen ellos, porque yo sigo sin estar de acuerdo.

En breve tendremos que emitir deuda para pagar los intereses de la deuda que ya debemos, es decir, que estamos creando nuestro propio caso “Madoff”, lo que supone corroborar que no aprendemos de ningún error, ni del ajeno ni del propio.

A este ritmo en breve, eso que llaman “los mercados” y el resto de países, no querrán comprar deuda española pues será inviable devolverla y lo único que habremos hecho será engordar nuestro problema.

La solución no es pedir Cien Mil Millones de Euros para que los bancos no sufran, sino controlar el sufrimiento de los bancos y procurar liquidarlos de una manera ordenada, es decir, si alguna vez se dan cuenta de que son empresas y como tales también pueden perder dinero, entonces se les obligará a que esto pueda ocurrir. La única forma de que esto acabe pasando es que les obliguen a contabilizar sus activos al precio de mercado actual y no al precio de emisión de la hipoteca. Si lo hacen, entonces los bancos se verán obligados a vender los inmuebles que tienen en cartera por un precio de mercado, que será sensiblemente inferior al que contablemente tienen.

Este fenómeno contable daría lugar a la venta de miles de pisos a precios irrisorios, los bancos darían pérdidas, sus acciones bajarían (no pasaría nada por ello, sólo que sus accionistas tendrían un disgusto), se recaudaría bastante dinero en impuestos por ventas de inmuebles y sobre todo, quizás no hiciese falta tanto dinero para las entidades financieras.

Ruiz Ballesteros

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