Compliance

AI Act para empresas: cómo adaptarse paso a paso

La inteligencia artificial se ha incorporado ya al día a día de muchas empresas. Herramientas de generación de textos, asistentes virtuales, sistemas de análisis de información, chatbots o soluciones de automatización permiten agilizar tareas, mejorar procesos y aumentar la productividad.

Al mismo tiempo, el uso de estas tecnologías plantea nuevos retos legales y organizativos. El AI Act, Reglamento (UE) 2024/1689, establece un marco común en la Unión Europea para garantizar que la inteligencia artificial se utilice de forma segura, transparente y responsable.

Adaptarse al AI Act no implica renunciar a estas herramientas ni limitar su utilización, sino establecer las medidas adecuadas para aprovechar sus ventajas con la necesaria seguridad jurídica.

Para ello, las empresas deben seguir un proceso ordenado que les permita identificar qué sistemas de inteligencia artificial utilizan, analizar para qué los utilizan, determinar qué obligaciones pueden afectarles y establecer las medidas necesarias para un uso adecuado.

El AI Act ya es aplicable: ¿qué debe tener en cuenta una empresa?

Desde el 2 de agosto de 2026, el AI Act es aplicable con carácter general en la Unión Europea, aunque determinadas obligaciones cuentan con calendarios específicos.

Además, el Reglamento ha sido modificado por el Reglamento (UE) 2026/1744, conocido como Ómnibus Digital sobre IA. Entre otros cambios, las obligaciones correspondientes a determinados sistemas de inteligencia artificial considerados de alto riesgo cuentan ahora con plazos de aplicación posteriores.

Por tanto, la adaptación al AI Act no consiste simplemente en comprobar si una empresa utiliza inteligencia artificial. Es necesario analizar cada herramienta, el uso concreto que se hace de ella y la posición que ocupa la empresa respecto de ese sistema.

1. Identificar qué herramientas de inteligencia artificial utiliza la empresa

El primer paso consiste en conocer qué sistemas de inteligencia artificial están presentes en la empresa.

Muchas empresas utilizan herramientas con funcionalidades de IA sin haber realizado una identificación específica. Por ejemplo:

  • asistentes de inteligencia artificial integrados en programas de trabajo;
  • herramientas de generación de textos o imágenes;
  • chatbots de atención al cliente;
  • sistemas de análisis de datos;
  • programas utilizados en procesos de selección de personal;
  • plataformas de marketing automatizado.

No basta con analizar las herramientas adquiridas expresamente como «IA». Muchos programas de uso habitual incorporan actualmente funcionalidades basadas en inteligencia artificial.

Crear un inventario inicial permite tener una visión global de la situación de la empresa y constituye un buen punto de partida para organizar su cumplimiento.

2. Determinar para qué se utiliza la IA y qué papel tiene la empresa

Una misma herramienta puede presentar implicaciones muy diferentes dependiendo del uso que se haga de ella.

Por ejemplo, utilizar inteligencia artificial para preparar un borrador de un documento interno no plantea las mismas cuestiones que emplearla para valorar candidatos dentro de un proceso de selección.

Por ello, debe analizarse cuál es la finalidad del sistema, quién lo utiliza dentro de la empresa, qué información se introduce y si sus resultados influyen en decisiones relevantes.

También es importante determinar qué papel ocupa la empresa respecto del sistema de inteligencia artificial.

Una empresa que utiliza una herramienta desarrollada por un tercero normalmente estará actuando como responsable del despliegue de ese sistema. Sin embargo, las obligaciones pueden ser diferentes cuando la propia empresa desarrolla, comercializa, integra o modifica determinadas soluciones de inteligencia artificial.

Por tanto, la pregunta no debe ser únicamente “¿qué herramienta utilizamos?”, sino también “¿qué hacemos con ella y qué papel tenemos en su utilización?”.

3. Analizar el nivel de riesgo y las obligaciones aplicables

Una vez identificadas las herramientas y sus usos, debe analizarse qué régimen puede resultar aplicable en cada caso.

El AI Act establece un sistema basado en el riesgo que contempla, entre otras situaciones:

  • prácticas de inteligencia artificial prohibidas;
  • sistemas considerados de alto riesgo;
  • sistemas o usos sujetos a obligaciones específicas de transparencia;
  • otros sistemas de inteligencia artificial para los que no se establecen las mismas obligaciones reforzadas.

No obstante, esta clasificación es únicamente un punto de partida. Las obligaciones concretas también dependen del papel de la empresa, del funcionamiento del sistema y de la finalidad para la que se utiliza.

Este análisis resulta especialmente importante cuando la inteligencia artificial puede afectar a trabajadores, candidatos, clientes o a otras personas en decisiones relevantes.

4. Comprobar las obligaciones de transparencia

Desde el 2 de agosto de 2026 resultan aplicables determinadas obligaciones de transparencia previstas en el artículo 50 del AI Act.

Estas obligaciones pueden afectar, por ejemplo, a determinados sistemas que interactúan directamente con personas o a ciertos contenidos generados o manipulados mediante inteligencia artificial.

Por ello, una empresa que utilice chatbots, asistentes virtuales, sistemas de generación de contenido u otras herramientas similares debe comprobar si resulta necesario informar de que se está interactuando con un sistema de inteligencia artificial o identificar determinados contenidos como generados o manipulados mediante IA.

No todos los usos de inteligencia artificial están sujetos a las mismas obligaciones, por lo que el análisis debe realizarse atendiendo al funcionamiento y finalidad concreta de cada sistema.

5. Revisar los datos y la información utilizada

Uno de los aspectos más importantes que debe revisar una empresa es la información que introduce en las herramientas de inteligencia artificial.

Antes de utilizar una herramienta de IA, es recomendable analizar:

  • si la información contiene datos personales;
  • si incluye información confidencial o estratégica de la empresa;
  • si afecta a datos de clientes, trabajadores o proveedores;
  • si el tratamiento y utilización de esa información cumplen con la normativa aplicable.

El hecho de que una herramienta permita introducir determinada información no significa necesariamente que la empresa deba hacerlo.

Además del AI Act, deben tenerse en cuenta otras obligaciones legales, como la normativa de protección de datos, los deberes de confidencialidad, los secretos empresariales y las cuestiones relacionadas con la propiedad intelectual.

6. Revisar los contratos con los proveedores tecnológicos

Muchas empresas utilizan herramientas de inteligencia artificial ofrecidas por proveedores externos.

En estos casos, no basta con analizar las funcionalidades de la herramienta. También es importante revisar las condiciones de utilización y las garantías que ofrece el proveedor.

Entre otras cuestiones, conviene conocer cómo se tratan los datos introducidos en la herramienta, qué medidas de seguridad aplica el proveedor, qué responsabilidades asume cada parte, qué garantías existen sobre la información generada y qué ocurre con los datos y contenidos introducidos en el sistema.

No todas las herramientas de inteligencia artificial ofrecen el mismo nivel de seguridad y control.

Por ello, la elección de un proveedor debe realizarse teniendo en cuenta tanto criterios técnicos como jurídicos.

7. Establecer una política interna de uso de inteligencia artificial

Una medida especialmente recomendable es establecer una política interna de uso de inteligencia artificial.

Esta política puede definir qué herramientas pueden utilizar los empleados, qué información puede introducirse en ellas, qué usos están permitidos, cuáles están restringidos y cuándo debe existir una revisión humana de los resultados.

También puede establecer criterios específicos para información confidencial, datos personales, documentación de clientes o contenidos destinados a ser publicados.

Estas reglas ayudan a reducir usos inadecuados y proporcionan criterios claros a todos los empleados.

Además, permiten evitar una situación cada vez más habitual: que distintas personas dentro de una misma empresa comiencen a utilizar herramientas de inteligencia artificial sin que exista un criterio común sobre cómo hacerlo.

8. Formar al personal y fomentar la alfabetización en inteligencia artificial

El artículo 4 del AI Act obliga a proveedores y responsables del despliegue de sistemas de inteligencia artificial a adoptar medidas para favorecer un nivel adecuado de alfabetización en materia de IA entre las personas que utilizan estos sistemas en su nombre.

La formación debe adaptarse a los conocimientos, experiencia y funciones de las personas que utilizan estas herramientas, así como al contexto concreto en el que se emplean.

No se trata únicamente de aprender a utilizar una aplicación.

Los empleados deben conocer también sus posibilidades, sus limitaciones, los posibles errores de sus resultados y los riesgos asociados al tratamiento de información.

Una inteligencia artificial bien utilizada puede mejorar considerablemente la productividad, pero requiere usuarios que sepan cuándo pueden apoyarse en sus resultados y cuándo resulta necesaria una revisión humana.

9. Mantener una supervisión y revisión continua

La adaptación al AI Act no debe considerarse una actuación puntual.

Las herramientas de inteligencia artificial evolucionan rápidamente, incorporan nuevas funcionalidades y pueden empezar a utilizarse para finalidades diferentes de aquellas para las que inicialmente fueron contratadas.

Por ello, es recomendable revisar periódicamente las herramientas utilizadas, los usos autorizados, los riesgos asociados, las condiciones de los proveedores y las medidas internas adoptadas.

La gestión de la inteligencia artificial debe integrarse progresivamente dentro de los sistemas habituales de cumplimiento y organización de la empresa.

Checklist: primeros pasos para cumplir con el AI Act

Como punto de partida, una empresa debería poder responder a estas preguntas:

  • ¿Sabemos qué herramientas de inteligencia artificial utilizamos?
  • ¿Tenemos identificado para qué se utiliza cada una?
  • ¿Sabemos qué papel ocupa nuestra empresa respecto de cada sistema?
  • ¿Conocemos qué información se introduce en estas herramientas?
  • ¿Hemos analizado los riesgos asociados a cada uso?
  • ¿Hemos comprobado si existen obligaciones de transparencia?
  • ¿Tenemos reglas internas sobre el uso de inteligencia artificial?
  • ¿Nuestro personal cuenta con formación y criterios adecuados para utilizar estas herramientas?
  • ¿Revisamos periódicamente los sistemas de IA que utilizamos?

Si alguna de estas respuestas es negativa, probablemente sea conveniente realizar una revisión interna.

Conclusión

La adaptación al AI Act no implica dejar de utilizar la inteligencia artificial, sino integrarla en la actividad empresarial de forma organizada, segura y responsable.

Las empresas que revisen con antelación sus herramientas, los usos que realizan de ellas, sus proveedores y sus criterios internos estarán mejor preparadas para cumplir con las obligaciones aplicables y aprovechar las oportunidades que ofrece esta tecnología.

La inteligencia artificial puede convertirse en una importante ventaja competitiva siempre que su implantación vaya acompañada de una adecuada gestión jurídica y organizativa.

En Ruiz Ballesteros Abogados y Asesores Fiscales ayudamos a empresas y profesionales a analizar los sistemas de inteligencia artificial que utilizan, identificar los posibles riesgos y establecer medidas de adaptación al AI Act ajustadas a su actividad.

Resumen
Título del post
AI Act para empresas: cómo adaptarse paso a paso
Descripción
Para adaptar una empresa al AI Act es necesario identificar las herramientas de inteligencia artificial utilizadas, determinar para qué se usan y qué papel tiene la empresa, evaluar sus riesgos y establecer medidas de transparencia, protección de datos, formación y control interno.
Autor
Editor
Ruiz Ballesteros
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Marta Cabezón

Marta es Licenciada en Economía por la Universidad de Málaga y Máster en Asesoría Fiscal de Empresas en la escuela de negocios ESESA. Inició su carrera profesional como asesora fiscal en Gestiona Consultores y Asesores, donde desempeñaba funciones contables, fiscales y laborales. Desde entonces, ha trabajado en distintas localidades de la Costa del Sol, como Benalmádena, Fuengirola, Málaga y, en los últimos años, Marbella, prestando sus servicios principalmente a clientes extranjeros, lo que le ha permitido alcanzar un alto dominio del inglés y unos conocimientos exhaustivos de los Convenios de Doble Tributación, así como Fiscalidad Internacional en el más amplio sentido. Es una muy experimentada profesional, desarrolla su labor en el ámbito de la asesoría fiscal, tributaria, mercantil y laboral, con solvencia y especialización en tributación internacional, inspecciones fiscales y operaciones societarias. Además es perito judicial, miembro de la Asociación de Peritos Judiciales de España, con especialidad en Lucro Cesante. Colegiada en el Ilustre Colegio de Economistas de Málaga, habla inglés y se incorporó a Ruiz Ballesteros en septiembre de 2025 en una posición estratégica, desde donde capitaliza la confusión de los departamentos tributario y mercantil.

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